Nos causa mucha alegría ver crecer la tendencia a la austeridad en el mundo. Corrientes como el minimalismo, la construcción de viviendas y edificios sostenibles, realizados con presupuestos accesibles, están impactando la manera de vivir, trayendo beneficios y felicidad a las personas que lo están aplicando. Y queremos compartir nuestra experiencia también con respecto a lo material, hasta el momento, durante nuestra vida matrimonial.
A pesar de que el término minimalismo empezó a aparecer en los años 60 como una corriente en el arte y la arquitectura, con el enunciado de que “menos es más”; el concepto, -todavía un poco más radicalmente aplicado- lo vivieron algunas personas y comunidades mencionadas en la Biblia, desde muchos siglos atrás, ascetas que redujeron sus pertenencias físicas y necesidades al mínimo. En la historia de vida y de fe de muchas personas importantes, el dejar todo, el deshacerse de cosas ha sido no sólo un signo externo sino más bien el resultado de una transformación interior que implica el desapego de lo material, de lo superfluo, hacia una liberación de las potencias del alma. Así como retirarnos a un lugar alejado y tranquilo nos ayuda a la paz interior, vivir en un hogar menos saturado de artículos -y todo lo que implica adquirirlos y mantenerlos- libera nuestro tiempo y energías para ocuparlas en cosas más importantes.
Tendencias basadas en testimonios de vida

Hace un tiempo, encontramos en Netflix y en YouTube un documental que presentaba la historia de Joshua Fields y Ryan Nicodemus, quienes decidieron cambiar sus vidas, viviendo con menos para ganar “vida”. Todo fue un proceso, el que empezó fue Joshua, pero pronto su mejor amigo observó algo diferente en él, y un día le preguntó: “¿Por qué lo veo tan feliz? Y de ahí el también decidió aplicar el mismo concepto.
Ahora son promotores de esta filosofía de vida. Muchos ya han seguido sus consejos y cuentan los beneficios de dejar de lado el consumismo. Experimentan una libertad (sienten un bienestar psicológico, espiritual y financiero, porque ya no compran en exceso y tienen menos deudas). Aquí les dejamos el link.
¿Por qué compramos tantas cosas?

Todos los testimonios que se pueden ver en el documental hablan sobre el problema del consumismo, de cómo nace de un vacío interno de la persona, y eso también lo confirman los expertos. Desde siempre el vacío existencial ha sido la gran tragedia para la humanidad, una vida vacía sin sentido, una sensación ante la que muchos optan por distractores, “entretenimientos” como le llamaba Blas Pascal. Este vacío nos lleva a una búsqueda de “algo que nos llene”, la mayoría lo hacemos comprando cosas, haciendo viajes, buscando una felicidad que se promete en la propaganda, venida de fuera, que se puede comprar. La compra de algún artículo genera una satisfacción, una sensación placentera, que no permanece por mucho tiempo, lo que nos estimula a buscar algo diferente. Muchas veces para satisfacer esos deseos, debemos trabajar mucho o endeudarnos, lo cual frecuentemente acarrea más problemas (cansancio, estrés, irritabilidad, poco tiempo para la familia, etc).

El manejo del dinero en el hogar

Curiosamente, el término “economía” proviene del griego y significa administración de la casa. Casi siempre asociamos esta palabra con el ambiente empresarial o político de los países, pero aparentemente la raíz del vocablo nos sugiere volver la mirada hacia lo interno de nuestros hogares. Las estadísticas son preocupantes, como en el caso de Costa Rica, donde recientemente se determinó que la deuda promedio de los tarjetahabientes del país (más del 20% de la población) es superior a los $20 000 (aprox. 12 millones de colones), casi el doble del PIB por habitante del país.
En nuestro caso personal, la manera de administrar los bienes familiares cambió a raíz de un curso que se llamaba “Cómo administrar los bienes según Dios” que nos ayudó a descubrir que no estábamos haciendo bien las cosas, en ese momento, con sólo 6 años de matrimonio ya habíamos cometido muchos errores.
Un primer dato sorprendente es que hay más de 2500 versículos en la Biblia que hablan de los bienes, de cómo ser buenos administradores.
Acá les compartimos 10 cosas que aprendimos:

- Somos administradores/ «mayordomos«: El dinero y los bienes NO son nuestros, son de Dios (¿lo invierto en cosas necesarias, útiles o la mayoría son “deseos”?). El uso de los bienes es algo por lo que seremos evaluados al final de nuestros días. Independientemente de la cantidad de bienes que tengamos, nuestra actitud hacia ellos es lo más importante.
- Dios no quiere que seamos esclavos, nos quiere libres: debemos evitar ser esclavos de los bienes, de las deudas que nos roban el sueño, esclavos porque a veces trabajo muchas horas descuidando mi familia, mi salud, etc.
- Evitar en lo posible pedir prestado: en este apartado la escritura es muy clara. Las deudas tienen el potencial de quitar la paz a cualquier persona. Hoy además el acceso al crédito se ha facilitado mucho, y algunas personas lo utilizan sin mayor reparo a expensas de su futuro. Los expertos en finanzas familiares aconsejan utilizar el crédito sólo para cosas muy importantes como la compra de una vivienda o de un vehículo, eso sí, si son necesarios y siempre en armonía con los ingresos del núcleo familiar.
- Tener un presupuesto: éste punto nos ayudó mucho a ordenar, limitar los gastos y a poder amortizar nuestras deudas. Las aplicaciones del celular como registro de gastos son una buena herramienta.
- Evitar prestar dinero: muchos hemos tenido malas experiencias al facilitar dinero a otros con la intención de ayudar, sin embargo, según la Biblia no debes hacerlo a no ser que de antemano estés dispuesto a regalarlo. Pr 17:18
- Ser justos: todos recordamos «den al César lo que es del César». El dinero, que tiene una impresión de alguien o algo de este mundo, es cosa pasajera. Nosotros, que tenemos impresa la imagen de Dios, trascendemos lo material. Desde esta perspectiva es que Dios nos pide ser honrados, pagar lo que está establecido (impuestos, seguros, etc). Nuestra alma debe estar tranquila, Dios ve al justo y lo protege, El suplirá nuestras necesidades básicas.
- Las necesidades básicas que Dios ha prometido proveer a los que creen son (comida, techo, vestido) lo demás son deseos. No son indispensables y por eso hay que tener cuidado con las compras compulsivas. El ejercicio de liberación llevado a cabo de una manera muy radical por San Francisco de Asís, también lo podemos realizar nosotros. Siempre es sano desinstalarnos, dejar las comodidades y dejar de aspirar a lujos.
- Ser caritativos: antes dábamos dinero pensando que era nuestro, ahora que sabemos que Él es el gerente General de la empresa, tratamos de ser más generosos y darle un mejor uso, y efectivamente se siente la diferencia (bienestar espiritual, algo que el mundo no lo tiene). «El que es generoso se hace bien a sí mismo» Pr 11: 17 «Uno reparte abundantemente y se enriquece, otro economiza y se empobrece.» Pr 11:24
- FE > Ahorrar: Ahorrar es un buen hábito, sin embargo hay que tener mucho cuidado, de no poner la confianza en los ahorros, sino en Dios: esto nos costó entenderlo, porque generalmente se piensa que es bueno ahorrar para la “seguridad y el bienestar del futuro”, pero ¿Dónde queda la fe? Nuestro futuro está en manos de Dios, ya que puedo tener mucho dinero en la cuenta y morirme de repente. Y esto lo aprendimos después de una experiencia. Teníamos ahorros, cuando de pronto pasaron 3 eventos dramáticos en nuestra vida en los que todo el dinero ahorrado se fue de repente, como tirarlo al caño, como cae el agua en el lavatorio. Pero las cosas básicas estaban en pie (casa, alimentos, ropa, amor y unidad de la familia), al principio era frustrante, pero después de orar y observar, entendimos que eso Dios lo permitió para que aprendiéramos más del dinero. La confianza debe ser sólo en Él, la seguridad y el bienestar que vende el dinero y las cosas materiales es efímero, es como el viento, no perdura. «El que confía en sus riquezas caerá» Pr 11:28
El libro de Eclesiastés trata a profundidad este tema, el autor relata cómo buscaba llenar un vacío, buscaba felicidad: realizó obras, plantó viñas, tenía esclavos, mujeres, tenía oro, plata… pero nada lo saciaba. Decía: “esto no tiene sentido, se corre tras el viento”. Ecle 1: 2 y 14. Tanto trabajo y fatiga para que después otros lo disfruten Ecle 1 y 2: 17-22
- 10. La sabiduría vive con los modestos (Pr 11:2): a través de los años hemos comprobado cómo la sabiduría está de parte de las personas modestas y humildes. Cuando hay más dinero, la lucha en el corazón del hombre es mayor por la tendencia a fiarse del dinero y dedicarse más a el. Nos gusta un decir de San Francisco de Asís: “más dinero y más propiedades significa mayores problemas”. El principio de sabiduría es el temor de Dios. Esto traducido a nuestro lenguaje quiere decir que la sabiduría será dada a aquellos que aceptan al Señor como criterio de vida, que son conscientes de que pertenecen a Aquel que todo lo ve y que es todo amor. Desde la perspectiva cristiana, la Sabiduría sólo viene Dios.
En la vida hemos conocido personas con una felicidad y una paz envidiable. Una de ellas fue una muchacha que nos ayudaba en la casa, se llama Xinia (ahora ella tiene su familia), siempre ha vivido de una manera muy modesta y sencilla, pero siempre tiene una sonrisa en su cara y a pesar que tiene poco, nunca pide nada y es feliz.

Otra persona que conocí a los 10 años fue el sacerdote Antonio Lootens, fundador de los “Cenáculos familiares del Rosario” en Costa Rica, su presencia transmitía de manera extraordinaria felicidad, paz y sabiduría: se podía respirar. A pesar de mis ojos de niña, me quedó grabada su casita de madera tan humilde y vacía y que comía lo que podía sembrar. Era un místico y un «minimalista» a causa de Dios.
¡Verdaderamente es bueno ser minimalista por las razones correctas, vaciar no sólo nuestro hogar, sino también nuestra alma de equipaje innecesario, para que sea inundado por la plenitud de Dios!