Juan José Solano nos cuenta su testimonio de vida, cómo superó una dura prueba gracias al amor y la misericordia de Dios. De la noche a la mañana, Juan empezó a perder la movilidad y luego la memoria, fue un proceso de 5 años, donde los médicos no podían hacer mucho, no se llegó a un diagnóstico, ni una cura, nada. La esperanza se apagaba, sentimiento que muchos de nosotros vivimos algunas veces. Lo que no esperaba es que Dios estaba a su lado, esperando que el abriera su corazón. Dios le salió al paso y ahora vive una vida nueva, le ha devuelto la felicidad, la paz, la salud y el gozo que el mundo no es capaz de dar.
Aquí compartimos su testimonio de vida.
Las pruebas no son un castigo, son una oportunidad para cambiar y ser mejores, un proceso del que cada uno es responsable, pero que al final sólo se logra de la mano de Dios. Escuchemos al sacerdote franciscano Benjamín Monroy de México.

Él nos comprende más que nadie y tiene el poder para hacer maravillas, de darnos una vida nueva, pero para eso hay que ser pacientes y entregarnos, que significa poner nuestro destino y nuestra voluntad en sus manos. Si miramos atrás nos daremos cuenta de que Él siempre ha estado ahí, aún cuando lo hayamos echado de nuestra vida, Él no renuncia a sus hijos.
No tengamos miedo de hablar con Él, de exponerle nuestras angustias, temores y problemas, busquémoslo en el silencio y abramos nuestro corazón. Él quiere lo mejor para tí.
Y recuerda que ÉL VIVE!
El Señor es mi pastor: nada me falta; en verdes pastos me hace reposar. A las aguas de descanso me conduce, y me reconforta mi alma.
Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dure mi vida. Sal 23: 1-3,6.