Todos, en mayor o menor medida, sentimos el deseo de que las cosas salgan bien. Sin embargo, cuando esa necesidad de orden se convierte en un intento constante de controlar a las personas y las circunstancias, el amor puede verse seriamente afectado. En la vida matrimonial, el control no fortalece la relación; por el contrario, genera tensión, desgaste y distancia emocional.
Las personas con tendencia al control suelen creer que su manera de hacer las cosas es la mejor. Buscan resultados perfectos, les cuesta adaptarse a los cambios y experimentan frustración cuando los demás no cumplen sus expectativas. Esto puede manifestarse en pequeños detalles cotidianos: corregir constantemente a los hijos, rehacer las tareas que otros ya realizaron, dar órdenes en lugar de pedir ayuda o molestarse cuando un plan familiar no se cumple exactamente como fue pensado.
Aquí les dejamos varios tips que en nuestra experiencia como matrimonio y consejeros hemos vivido y además lo que nuestra madre iglesia nos ha enseñado:
1. Autocontrol:
Aprender a usar el control hacia adentro, en nosotros mismos. Canalizarlo en mejorar los aspectos negativos: aprender a pedir por favor a la pareja y no órdenes. Con los hijos dar las indicaciones con amor y que sea comprendido y compartido. Tratemos ser señores de nosotros mismos. Un modelo de una persona sanguínea: Juan el Bautista, tenía coraje, no temía hacer críticas, pero él no lo hacía obligando a otros a ir al desierto y comer grillos; pero con solo su ejemplo, motivaba a muchas personas a cambiar, Dios hacia el resto.

2. Hablar y pedir apoyo a la pareja:
Hablar con la pareja de que usted ocupa de su apoyo para mejorar esta tendencia.
3. Hacer una reunión familiar y llegar a acuerdos
Hablar sobre las cosas que todos queremos mejorar y que son para el bien de todos (se pueden invitar hasta los hijos si los hay). Y definir las propuestas de mejora, acuerdos, límites, metas, etc. Por ejemplo: tratar de rezar todos en familia en la noche, acostar a los niños entre 7 y 8 pm entre semana, etc. Durante la primera semana el controlador no deberá recordarle a nadie qué hacer o hacer insinuaciones o malos gestos. Al final de la semana, todos nos sentamos (reunión de seguimiento) y evaluamos cuánto se cumplió, no debemos esperar que todo salga perfecto, pero los pequeños pasos serán motivadores. Recordar que más que los resultados se debe revisar los procesos.
4. Ser flexible:
No ser rígido y autoritario, tratar de estar más cercano al corazón.
5. Orar para renunciar al control (soberbia/ orgullo):
Orar mucho, para que Dios elimine ese orgullo/ soberbia, nos transforme y nos dé sabiduría para canalizarlo positivamente. ¡Señor haznos mansos y humildes de corazón!

6. Practicar el abandono:
Tener presente que yo no soy el que tiene la última palabra, estpa primero Dios y luego mi esposo(a).
Encontraban paz al decir, como Jesús en Getsemaní: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42).
«Padre, me pongo en tus manos; haz de mí lo que quieras.» San Carlos de Foucauld
7. Recordar que el Amor es servir, no es controlar:
En la encíclica de Amoris Leticia nos indica el Papa: «Algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida y protege al débil.»
También enseña que:
El amor «no busca su propio interés», sino el bien del otro, y se expresa en el servicio más que en la búsqueda del propio beneficio.
8. Conocer los roles de cada uno
San Juan Pablo II dedica varias audiencias a explicar que la frase «el marido es cabeza de la mujer» no significa poder o dominio. Su interpretación es que:
- Cristo es cabeza porque se entrega.
- La autoridad cristiana consiste en servir, no en dominar
- El esposo debe amar hasta dar la vida por su esposa.
«Vosotros, los maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella.» (Ef 5,25).
Este versiculo se muy bien ejemplicado en la película Reto de Valientes, si no la han visto se la recomendamos, aquí está el final de como termina la película.
El rol de la mujer:
Dios dijo: “ No es bueno que el hombre esté solo. Le daré un ser semejante a él para que lo ayude” Genesis 2:18.
El rol de la mujer es ayudar al hombre a llevar la empresa familiar, con los dones que Dios nos dio. Podemos ayudarlo motivando, a dar ideas para solucionar problemas, crisis, enseñarlo a ser mejor papá, etc.

En el caso de la mujer podemos usar el autocontrol para tratar de ser sumisa y motivar a su esposo recordando que Dios en su plan divino quiere que él sea la cabeza del hogar, ambos están llamados a entregarse mutuamente por amor; el modelo es Cristo, no el poder humano.
San Francisco de Sales menciones tres cosas: el amor auténtico es paciente, la dulzura vence más que la imposición y la correción debe hacerse con caridad y nonuca con dureza.
Conclusión
Aunque no escribe exclusivamente sobre el matrimonio, sus enseñanzas se aplican directamente a la vida conyugal.
- El amor no controla.
- El amor sirve.
- El amor respeta la libertad.
- El amor busca el bien del otro, incluso cuando implica renunciar al propio ego.
Como enseña el Papa Francisco, cuando una persona quiere controlar constantemente al otro, suele colocarse a sí misma en el centro; el camino cristiano consiste en salir de ese centro para amar como Cristo ama.